sábado, 29 de octubre de 2016

Vitrales sabatinos


Veo viejos sábados sin títulos.
Apergaminados días nublados,
estáticos, fríos y sin sentimientos.
¿Quienes eran los geniales duendes
que llenaban de alegría esos días
de miradas indiferentes y noches ligeras,
donde reinaba el abandono fugaz
y el cariño gratuito que hacía maravillas
en la penumbra que escondía el alma
inventando historias de amor de una sola noche?
Hoy son monótonos los sábados,
simple preludios de la monotonía dominical,
igual que todas las monotonías
en las que fantasmas pasajeros se aburren
en una catedral de vitrales televisivos
que nunca está cerrada por vacaciones.

Me duele

Mirar el mar y el mar mira.
¿Qué ve el mar cuando mira?
¿Ve acentos con rostros humanos?
¿Casualidades disfrazadas de gaviotas
revoloteando en la espuma?
¿Los pilotes de un puerto
lacerando sus olas con fuerza proletaria?
Nadie sabe que ve el mar.
Nadie sabe porque nadie le preguntó:
amigo mar ¿qué es lo que desde allí ves?
Y a ti… a ti ¿alguien te pregunto?
¿Alguien o algo quiso saber que miras?
Porque tiemblan tus las manos,
porque cantas, porque ríes, porque lloras,
¿porque te detienes
en el discreto encanto de preguntar
si ese abismo azul frente a ti
te mira como tú lo estas mirando?
Me duele no ver el mar
aunque sé que él me está mirando.


jueves, 27 de octubre de 2016

Circulos


Todo gira en círculos,
No hay tiempos esperando una  grieta
por donde se filtre algo parecido a una pausa.
Los inconvenientes círculos continúan
techando la bóveda de la vida,
nada hay que pueda disminuir la extensión
de los círculos, extraviar esa constante
circularidad de un instinto cansado
intentando edificar un detente.
La prolijidad de su trazo
frustra cualquier frívola meditación,
atrayendo un cielo pesado, redondo y cansino.
Cierra  sus alas la voluntad,
clandestinamente se va asfixiando
en la esfera de un ambiente materialista,
que la atrofia como una insignificancia.
El templo del yo se pierde
en un imperceptible viento redondo.
De pronto las ideas caducan
y se entiende el giro inacabable de la naturaleza
y lo despótico de aprender que los círculos
no se detienen.

Ilustración: "dibujos" - Alba Feito

miércoles, 26 de octubre de 2016

Por las noches

Por las  noches retozo con los mares y los ríos.
Los hago brillar en los ecos que abandona el silencio,
de las profundidades dejo que emerjan lentas
rondas de letras tristes con suave fondo de laudes.
Brotan con timidez, temblando, a visitar la luna.
Entre puertas y ventanas vago en diáfano paseo
por titilar de estrellas y olor a hierba descansando.
Me invento historias buenas y algunas  prohibidas,
hasta caer dormido en las luces de algún  arco iris.


martes, 25 de octubre de 2016

Te reconozco


Reconozco en ti
al viento,
la luz entre fragancias,
una terraza en las alturas.
El manto que me ampara,
un astro que dibuja
nubes sobre mi alma.
Velo de espigas.
La exhalación
aplazada
de la inmortalidad.
Te reconozco
como mí entrada al Olimpo,
mensaje de dioses
que palpita en mi postrer invocación.

lunes, 24 de octubre de 2016

Hasta que me muerda la realidad

Se esfumó.
Pero sus manos todavía viven,
allí, cerca del huerto que cultivaron sus dedos.
Cautivando
brumas salpicadas de ayeres,
de un azul vagabundo.
El paraíso se ciñe frente a los amantes,
muere la noche,
la superficie se entierra,
se seca la sabia.
Hubo un instante en que apretó mi mano.
Brillante calma la de estar juntos.
Permite que sea tu desmayo
hasta que me muerda la realidad.


Cronista

Eres el vestigio de una incógnita,
cronista de la distancia,
eres fuerza que engendra leyendas,
y mi pluma no puede imaginarte.


Un vacío, ayer llamado mar


Como un arlequín sin nombre
los viejos lobos miran al mar.
Tibia y suicida se dilata su llanura,
vacío pesebre que solo es tristeza.
Una boca tenebrosa y oscura
se aleja engullendo cargadas redes.
Rabia por esa rutina de robo
que deja una pena parida de hambre.
Los hombres van por cargas caras,
desechando lo que no aprovechan,
violan una vez  más la naturaleza
colmando las corrientes de peces muertos.
Inútil empecinamiento humano
que se atiborra dejando atrás ausencias
que mañana serán hambre y desocupación
para los que se llenan sin conciencia.
Si tan solo pudiera yo expresarme,
piensa el lobo con ojos de tristeza,
les daría la bienvenida a un infierno,
pues el sustento que hoy no se llevan, muere
sin que nadie de él se aproveche.
Mañana será platos vacíos, solo recuerdos
que añorarán los desocupados
del barco de sillones azules y boca tenebrosa
que engullía cargadas redes.
Ya no estarán… no estaremos... nadie estará.
Solo la llanura de un vacío ayer llamado mar.

domingo, 23 de octubre de 2016

Soy

Soy imaginación que arde,
isla seca, pájaro errante y luna llena.
Agua azulada bajando de los ojos.
Me disipo como vaho,
como luz y sombra súbitamente copulando.
Soy las profundidades de unos ojos negros,
algo que se pierde en el cielo y jamás vuelve.
Una vela encendida que se gasta
en la fragancia vegetal del ocaso, que burbujea balbuciente.
En la opacidad del sueño perduro alerta,
huelo inhumano cuando  aún no amanece,
hundido en ese  sonido gutural que deja el viento.
En horas de la noche soy ardiente y algo obsceno,
nostálgica alma que vacila y fluye.
Así,  atravieso todos los rincones, dando vueltas.
Soy pena desquiciada estando separados.
Es muy ingrato ser lo que soy,
me duelen los ojos,  me veo inerte.
Cansada sombra empapada, medito.
Y soy meditación que quema,
vela encendida que se consume,
ocaso que burbujea susurrante,
pena desquiciante.
Demasiado para mí ser lo que soy.


Ella vendrá


Ella vendrá, seguro que vendrá.
Vendrá entre sábanas blandas,
columpiándose en una rama,
en el estruendo de un trueno,
en la quietud de aguas calmas,
o en un inmenso derrame en rojo.
Pero vendrá, seguro que vendrá.
Sé que es inevitable su venida,
que finalmente algún día me hallará,
porque sabe que siempre la espero,
como todo buen hombre de palabra
la espero con mi bolsa llena de letras,
siempre dispuesto a marchar con ella,
por tiempo sin fin, un tiempo indefinido.
Hasta que arboles de ramas desnudas
vuelvan su cara hacia el sur,
y espumas de risas me reciban o despidan
en un cielo azul, sin campanas,
fertilizando con cenizas la niebla grisácea
donde sea que lenta se expanda.
Ella vendrá, seguro que vendrá,
y yo la estaré esperando con jazmines
y con mis huesos, esos, que finalmente
son lo único que de mi tendrá.

sábado, 22 de octubre de 2016

De pintura, arena, cal y cemento

Existe un reloj que regala un tiempo que no avanza,
mientras los pájaros de tu pubis, sin maquillaje,
guardan en la retina el roce de un pecado para nada original.
Vas empapándome de ilusiones las aristas de un beso,
de esos que acentúan las esdrújulas una, dos, tres o más veces,
como un ángel travieso y distraído que pinta renacimientos
en los espejismos de tu atrevimiento cayendo sobre mis sueños.
Huele a tango, a burbujas, a helado de chocolate con almendras
la niebla difusa en que te cubres para intentar arrebatarme
con ese algo que no sé que es, pero que acuchilla la inocencia
de tus piernas pálidas y largas, acariciándome sin final
con la lasciva angustia de un crucificado sobre baldosas sueltas
y los gorriones, incestuosos, observando desde el negro atroz de sus ojos,
como si se perdieran de un festín de alpiste y migas de pan.
Y yo codiciando ser envuelto con premura en un silencio de colores
entre los vaivenes agónicos de ese péndulo que no avanza,
sobre una pared que se descascara indudablemente por recato
o porque, al fin, el tiempo le apareció en las grietas
un día martes o quizás un vienes de cenizas, desvirgando su pulcritud
de pintura, arena, cal y cemento.


Marea alta


Hay brazos que prometen aventuras viajeras,
alientos que son vientos de ilusiones palpables,
pieles que absorben las olas rotas de los deseos,
voces profundas que desde los cuerpos llaman,
mares crecientes que separan estáticos muslos.
¿Cómo no hundirse en el precipicio de un océano
que flagela como un río que fluye en murmullos?
Se deslizan transpirados delfines por la espalda,
la respiración se ahoga en el vaho que filtran los labios.
Imposible estarse inmóvil cuando se alcanza la marea alta.





Ilustración: "Marea alta | video instalación" -  de Claudia Aranovich, Marrgarita BaliGabriel Gendin - Centro Cultural San Martin - CABA

viernes, 21 de octubre de 2016

De una princesa y un guerrero

Una desnudez de alba clara despierta el crepúsculo,
apagadas avalanchas, buscan alas para despegarse
del desconcierto que produce la lluvia en la memoria.
Tiempo hace en que lo imposible terminó instalado
en aquellas costillas en las que sea adormece el olvido.
De improvisto, la mística de un encuentro estremece
el equinoccio que rodea a los cuerpos enamorados.
Una luz escarlata enciende lo que parecía apagarse,
el frío ya no es innoble y maldito frío. De pronto arde,
desboca unicornios volviendo para brindarle encanto
a los sentidos desde otro lugar y con una sed desconocida.
Se emprende la aventura de no temer a nada,
con tal de conocer la nueva excitación que se ofrecen,
en mercenaria compañía, un guerrero y una princesa
que en secreto escriben un cuento con sus vidas.


Pancho Sebo


Entre las muchas características típicas que tiene la isla de Chiloé, aparte de sus bellezas naturales, el buen trato de su gente, sus múltiples y pintorescas iglesias, el colorido de sus viviendas de palafitos, están las leyendas que en ella circulan.
Debo decir que disfruté de la cordialidad isleña desde que desembarque en Anocud y que de sus paisajes todavía guardo imborrables imágenes no solo de los Parques Nacionales de Chiloé, Tepuheico y Tantauco, sino de ciudades y pueblitos como Castro, con su historia del terrible incendio en el año 1936, Quemchi, Chonchi Quellón y la ya nombrada Ancud.
Esta historia, leyenda, o como quieran llamarla me la contaron en un viaje que realicé hace algunos años.
Estaba yo cenando en un restaurante sobre palafitos en la ciudad de Castro, disfrutando de los sabores del mar, cuando un hombre mayor se acercó a la mesa ofreciéndome figuras talladas del Trauco, y de su esposa, la Fiura, quien también es su hija, la cual nació de una relación que tuvo el Trauco con la Condená.
Coleccionista como soy de singularidades locales, le adquirí una y este buen hombre me comentó con lujo de detalles la historia del personaje, que por ahora dejaré para otra ocasión o para que, algún cuentero chileno, con mayor sabiduría la relate.
Terminada su relación, lo invité con un pisco, y en agradecimiento me relató la historia de Pancho Sebo, que, según me aseguró es verídica y originaria de Castro.
Comenzó diciéndome que hace algunos años, se corrió el rumor por la ciudad, de que por las noches, un inmenso perro amarronado, preferentemente de noche, recorría las calles y que en cuanto encontraba una ventana o una puerta abierta, cosa no extraña entre pobladores conocidos y tranquilos, se aprovechaba de esta ventaja, entraba a las viviendas y seducía a las mujeres que había en ellas, sin importar su edad ni condición de viuda, casada o soltera.
Que de su paso o su cercanía se tenía constancia porque dejaba un insoportable olor a sebo.
Que ya era corrillo en el pueblo de que varias señoras, habían tenido encuentros con el misterioso animal y que todas aseguraban haberlo corrido a escobazos y a los gritos tratando de salvar su honra, cosa que afirmaban haber logrado.
Un tal Francisco “Pancho” Oyarzun, conocido proveedor de la zona, que solía recorrerla con frecuencia ofreciendo distintas mercaderías, se mofaba de tales habladurías.
Tal fue el pánico que se expandió por la ciudad, que se organizaron batidas, sobre todo nocturnas para dar con el canino y así lograr que la tranquilidad volviera a todas las almas.
Por esos años la provisión de luz eléctrica tanto pública como domiciliaria, se brindaba de siete de la mañana a nueve de la noche, quedando el resto del tiempo, la ciudad a oscuras, cuando mucho, las viviendas se alumbraban con los viejos faroles a querosene.
En largas jornadas nocturnas, las patrullas de voluntarios recorrían durante ese periodo calles y aledaños, intentando  dar con el forajido y con resultado negativo, a no ser por algunas corridas y apaleadas a perros callejeros por todos conocidos.
Con el correr de los días los espontáneos miembros de estos grupos de seguridad canina, por llamarlos de alguna manera, fueron menguando, hasta que finalmente solo quedó una pequeña tropa de cuatro personas al mando del jefe de carabineros.
Ya casi desahuciados de no poder encontrar al sibilino  can, decidieron una noche realizar una última partida, casi convencidos de que el tal no existía por más que los rumores afirmaran lo contrario.
Armados con palos y otros elementos contundentes, comenzaron a recorrer las calles desde el Río Gamboa hasta la Plaza de Armas, vigilando con atención cuanto movimiento extraño observaban.
Al llegar a las cercanías del domicilio del jefe de carabineros, algo los hizo alertarse, no se sabe si un ruido, unos gritos o pura intuición.
Guiados por lo que fuera que fuese, ingresaron al jardín de la vivienda del oficial de la fuerza de seguridad, en ese momento alguien aseguró sentir olor a sebo, y tal vez para darse valor o para lograr que el incógnito perro asomara, comenzaron a los gritos y a golpear los elementos que llevaban produciendo un batifondo descomunal.
De pronto, se abrió la ventana del dormitorio matrimonial y de ella saltó una descomunal figura amarronada, peluda, que intentó ponerse en fuga hacia unos arbustos cercanos.
Sin piedad, los patrulladores comenzaron a molerlo a golpes intentando impedir que escapase, punto este que no lograron ya que las sombras brindaron su protección al fugitivo.
Al siguiente día, ya con el rumor diseminado entre los habitantes, la confirmación de la existencia del sátiro de cuatro patas estaba en boca de todos, como también lo estaba el hallazgo de un quillango, esa especie de cobertor confeccionado con cuero de guanaco u oveja,  encontrado entre los arbustos que se encontraban en las cercanías de la casa del jefe de carabineros.
Sobre el mediodía, Francisco Oyarzún hizo su aparición ofertando sus mercaderías, solo que esta vez, su semblante lucía cubierto de moretones y con varios golpes en la cabeza y en los brazos.
La picardía popular desde entonces lo bautizó “Pancho Sebo”, concluyo mi ilustre amigo, apurando el último trago de pisco.

jueves, 20 de octubre de 2016

miércoles, 19 de octubre de 2016

De que lado


De la luna
ha permanecido sólo una borrón en la laguna.
De todas las lluvias que han caído,
solo unas gotas en tus pómulos,
y los confines han disipado tanto la sangre seca
que ya no es un color, sino un olvido.
Mañana,
la humanidad vendrá  por las avenidas
y los árboles se ocultarán asustados
detrás de los insomnios.
Sería bueno quedarnos,
pero nos fuimos.
Yo deseaba irme,
pero me detuve en los umbrales.
No fue significativo ni irnos ni los umbrales.
Lo trascendente es que la luna estuvo.
Yo no.
Me andaba tras el estandarte
de tu vestido
ondeando al viento.
Hoy me pregunto
¿en que lugar del cielo nace el arco iris?

Pasaporte

El espacio de tu piel con la mía
posee los límites
más dilatados del universo.
Para poder ser habitante de tu mirada
hay que franquear los controles
de tus ojos
y lograr que la autoridad de tus sentimientos
brinde el pasaporte
de acceso a tus secretos.
Para ingresar en tu intimidad
hay que presentarse ante tu mirada,
recorrer tus contornos,
ser un peregrino
explorando todo el infinito, sin perder detalle
de las maravillas
que brindan tus dominios.