domingo, 25 de junio de 2017

Suerte atroz


Lo suyo era un formulario de simple perdedor solitario.
Siempre viviendo afuera, durmiendo en calle cualquiera.
Sus pasos lo barrían al abismo mucho antes de su bautismo,
cada día era preludio de muerte. Tan atroz era su suerte.
Decidido a poner fin a su sino, se planto en medio del camino,
Desbocado, un caballo en carrera lo esquivo por la vereda.
se desprendió un árbol de raíz y ni siquiera rozó su nariz.
Tan fatal era su estrella que nada en él hacía mella.
Resignado  vivir su triste vida dejo de lado toda partida,
abrió los brazos, miró hacia el cielo, y levantó su vuelo.

Destiérrame en el sur

Destiérrame en el sur, allí donde convergen
mis ojos incendiados repletos de tu ausencia,
junto al ojo abierto de esa puerta hacia tu alma.
Revélame tu intimidad y delata tus interioridades,
condéname a la animación excesiva y exagerada
de pugnar por lo oculto y de beber en el vaso amado.
Castígame con la extenuación del cuerpo, el dolor,
y con la languidez latente en el alma. Con el llanto,
con la confusión que se burla del entendimiento,
como una bestia herida déjame, como a un náufrago,
como amante que cela en silencio el secreto de tu pecho.
Arrúmbame en la aflicción de volver lleno de esperanza.



sábado, 24 de junio de 2017

La lluvia es obstinada


Esta noche, por tu culpa, la lluvia es obstinada.
No puede ni menguar ni crecer. Es solo lluvia.
Lenta, la vigilia se apodera de mis párpados,
la brisa huele a musgo, a junio y a tierra mojada.

Canción sin nombre

Sus ojos me volaban hacia adentro,
desnudo, me hundía en su canción.
Esa canción sin nombre, sin tiempo,
que surgía del borde de sus labios.
Como si fuera un tren sin destino
con la voz, me alejaba de su cuerpo,
naufrago de las caricias que prometía
el olor incierto de la tarde inmensa.
Me dejaba llevar por ese enigma
que velaba rostros. A veces deseaba
ser lenguaje con sólo la mirada,
volarme desde adentro. Presuroso,
dejar algún mensaje para cuando vuelva,
salir de mi, sencillamente fresco,
acariciar su cuerpo dormido y concluir
el estribillo de su canción sin nombre.




La cuenta del café



Muchas veces compartimos las sílabas del café.
Ella se sentaba allí, en esa silla, con su aire ausente.
Sus ojos vagabundos casi no se detenían en mí,
jugaba en paralelo y perpendicular con la tarde,
se dejaba estar parásita de su propio ombligo,
hurgando con su pie el tobogán de mi pantorrilla.
Yo sabía que estaba allí. Y ella sabía que yo sabía.
Olía a espuma gris de anocheceres y  a corazón oscuro,
los codos, melancólicamente desnudos de sueños,
se pluralizaban en los extramuros de sus pechos.
Yo la recorría por dentro sin tocarla. Deseándola.
Ella me regalaba besos aburridos en el borde del pocillo.
Entre mordiscos a la luna compartimos muchas cosas.
Lo sé porque alguna vez palpé el azúcar de su piel
mientras su valle diminuto se diluía en gemidos.
Cuando hervía su autoestima, borraba las vocales,
se divorciaba de sí misma frente a las ventanas
y decía que tenía hambre. Pero hambre con H, ¿Entendés?
No. No entendía. ¿Cómo entender un hambre con H
mirando ese escote donde parasitaban mis deseos?
Entonces se iba dejándome el mentón pintado de violeta,
la cuenta del café, un silencio de opereta y desiertos en el alma.

miércoles, 21 de junio de 2017

La noche mas larga

La tarde se enciende en frío,
un murmullo de ocasos se precipita
impaciente entre la tenue garúa.
Vencedora, la soledad extiende sus brazos.
Acortan su ausencia los días del frío,
mengua su tiempo la luz del sol.
Lo nocturno se filtra entre la carne y la caricia.
Dejando trazos de vahos e hilos blancos,
en la noche más larga, se instala el invierno.
Es hora de cobijarse en palabras encendidas.


martes, 20 de junio de 2017

Los ausentes



Los ausentes no ocupamos espacio,
caminamos de puntillas por la nada,
bajo las baldosas aturdidas de olvido.
Somos una borrasca de mudanza,
un trago que no se ha pedido, ni tomado,
una brisa bermeja en los suburbios
de lo que nunca ha estado. Ni estará.
Los ausentes somos andamiajes
exhalando oscuro sudor de ausencias.
Somos nada, un éxodo que desborda,
una noche que llega y se hace sombra.

Te inventaré

Yo he llegado hasta aquí, llegue lejos.
Atreviéndome a la tinta y al papel blanco,
y tú detrás, cual si fueras un sordo espejo,
marcándome los límites de estar contigo.
Si alguna vez, tuviera que inventarte de nuevo,
tal vez te inventaría con preguntas diluidas,
sosteniendo la piel y pijamas de blanca seda,
o mejor sin pijamas. Que necesidad de poner
estrépitos que pasarán como  simple olvido.
Te inventaré más allá del diagnostico,
como un pecho que crece hacia un costado.
Quizás con los mismos síntomas
que sacan de lo oscuro todo lo que es claro.
Te inventaré arrinconado en la insania de los días,
para que no me mires más, ni aún mirándome.
Con curvas, esquinas, y muchas travesuras,
aplaudiéndome desde una noche sin estrellas,
desde un espejo sordo, dibujada en tinta,
sobre los límites de un papel en blanco.


lunes, 19 de junio de 2017

Eso soy, eso siento



Me alejo y vuelvo, los impulsos vacilan.
Esclavo, escasamente puedo aún soñar,
mil vacilaciones y solo dos tendencias.
Vuelvo y me alejo, solo la duda constante.
Profundo desaliento, eso soy, eso siento.

El viento acopia

En algún tiempo fui suave arena
agitada por vientos  en sus delirios.
Inventé y gocé cándidas delicias
y de empapado almíbar disfruté.
Anduve tras misterios sacrosantos
y no hallé donde eran guardados.
Cada hora que se aleja me vuelve
ave fatigada, cansado pensamiento.
Deslumbrante pasa la ilusión primera,
lo ardiente mengua, madura el color.
La forma sucumbe al valor del fondo
y el viento acopia en una misma rama
la pasión profunda y la serena calma.


Ilustración: "Danza de los amantes" - Jacqueline Klein Texier