sábado, 22 de julio de 2017

Lo que se escapa

Recóndito e impropio,
casi como un regreso,
huele a hierba fresca
el momento de querer.
Sin espacio, ni despacio.
resulta ser complejo,
enigma sin respuestas.
Es lo que se escapa,
volviéndose aparente
después de un ritmo
de amor sin discursos.
Tan solo en el silencio
donde la palabra es inútil
y solo vale acariciar
la piel con los sentidos.


Ilustración: "Abrazo (Amantes II)" - Egon Schiele

Ardor en las entrañas


Solo un amor he tenido.
En ese dilatado instante
que el amor puede verse
con la cordura necesaria
y las pupilas encendidas.
Después de él, se aturde
el tiempo, y lo posible,
no es más que la fragancia
de un ardor en las entrañas.

Ilustración: "Pink ardor" - Sherry Davis

En ocasiones

En ocasiones logramos un supuesto cielo,
donde el silencio es un conseguido placer
luego de unas horas sabiamente agotadas.
Ajenos al fastidio del mundo y a su llanto,
sintiendo bajo la piel el cosquilleo de un arcano
que solo quien ha tenido un amor comprende.


viernes, 21 de julio de 2017

Ese día de la semana


De ese día de la semana me queda
el recuerdo de mis ojos viendo tu espalda,
tu cuello sesenta veces besado
y lo desprolijo de tu cabello al levantarte.
El inevitable mohín de tus labios
cuando mi mano te dibuja corazones
de los hombros hacia abajo.
De ese día de la semana me queda
un abecedario de sonidos extranjeros.
que pronuncias con ojos cerrados
cuando pierdes el equilibrio,
y la cordura y la vergüenza y el orgullo.
como antes perdimos la ropa
y el rojo de tus labios se perdió definitivamente
en algún recoveco de mi cuerpo.
De ese día de la semana nos queda
un callejón repleto de tiempo,
resonancias saladas sobre toda la piel
y la bronca de que sea tan cortas
las horas en ese día de la semana.

Ilustración: "Mujer de espalda" - Andrés Catalá

Pariendo brisas

La ventana abierta está pariendo brisas,
la ligereza flota como un amante azul.
Guardo la esperanza que me estés mirando
como quien te ayudó a derribar los símbolos,
como ese cuerpo cómplice, que te sonríe
desde la obsesión de los propios sexos
en la ondulada armonía de las horas juntos.
Pero tu pupila se detiene en el vestido negro
que se insinúa arrojado y arrugado en el sillón.
Te preguntas porque te lo has quitado y como.
Las apuestas de dos no siempre son para ganar.



Y así...


Te siento acurrucarte entre tus sábanas,
de tu ombligo emana aroma a vainilla.
Mi mirada se detiene justo en tu calor
donde una sed insatisfecha me consume.
Atisbo el desnudo clandestino de tu cuerpo
reteniendo la saciedad de tus espumas.
Me puede la sed y así se me llena el alma.

jueves, 20 de julio de 2017

Santo resorte

Un resorte interrumpe la paz de mi espalda.
Ondeante, se escapa del respaldo del sillón
y zarandea, de arriba abajo, de derecha
a izquierda, entre mis costillas. Impertinente,
gira, sin ir a ningún lado, mecánico e inquieto,
como si quisiera coserme la cuerina a la piel,
o peor aún, como si deseara meterse, sutil,
en mi columna y bambolearme como un juego.
Me canse de pensar en arreglarlo, mi manos
se rindieron ante su pertinaz obsecuencia,
(tampoco digamos que son manos muy hábiles).
Estudié la posibilidad de cambiarlo por uno nuevo.
Más moderno, de esos que se alzan y bajan,
se reclinan suaves, con apoyabrazos acolchados,
con respaldos que van desde el coxis a la coronilla.
Confieso que he probado algunos en las tiendas,
me he sentado en ellos, estiré las piernas, palpé
si eran de cuero, de arpillera,  tusor o lienzo.
Miré la resistencia de su estructura. Si era de madera,
aluminio, plástico reforzado, desmontables y otros etc.
con que me tentaban (y acosaban) gentiles vendedoras.
 Pero mis glúteos están acostumbrados a sus molduras,
mi hueco poplíteo (vaya nombre) perfectamente adaptado
al borde, ya gastado,  de su viejo asiento con espuma.
Tibia y peroné (y todos sus músculos) alcanzan exactos
la distancia que del piso los separa. Digamos casi perfecto,
salvo el santo resorte empeñado en jugar con mis trapecios.


A los amigos


Encorvados ventricularmente
nos embriagamos en desvaríos.
Ilógicos, sobre un vértice de luz,
mirando desde allí transformar
en oscuridades la luz del sol,
disfrutamos un mar en la barbilla
y diez minutos en la mano abierta.
Nos extasiamos en la preñez del aire,
dibujando lunares a los amigos,
riqueza que guardamos alucinados
como la llave que trae un poema.

miércoles, 19 de julio de 2017

Solitario marginal

Acumulo noches pensando en tu región más discreta.
Horas de sueño atravesadas muy lentamente, al paso,
en la desesperación de sentirme un solitario marginal
en ese juego raro de irte descubriendo en los pasadizos
que dejan las huellas del deseo cuando está amaneciendo.
A veces disfruto de esa porción de mí que te has llevado
y que ratifica el vacío de mis manos llenas de nada.
Desorientado busco el beso inasible en medio de la noche,
en una peregrinación que es un interrogante abierto.
Quiero cesar esa irracional búsqueda de tus lugares vacantes,
que solo sirven para que mi boca tenga absurdas razones
para seguir creyendo que soy dueño de tu fatal presencia
en el tálamo desolado en el que acopio noches imaginándote.


martes, 18 de julio de 2017