jueves, 20 de julio de 2017

Santo resorte

Un resorte interrumpe la paz de mi espalda.
Ondeante, se escapa del respaldo del sillón
y zarandea, de arriba abajo, de derecha
a izquierda, entre mis costillas. Impertinente,
gira, sin ir a ningún lado, mecánico e inquieto,
como si quisiera coserme la cuerina a la piel,
o peor aún, como si deseara meterse, sutil,
en mi columna y bambolearme como un juego.
Me canse de pensar en arreglarlo, mi manos
se rindieron ante su pertinaz obsecuencia,
(tampoco digamos que son manos muy hábiles).
Estudié la posibilidad de cambiarlo por uno nuevo.
Más moderno, de esos que se alzan y bajan,
se reclinan suaves, con apoyabrazos acolchados,
con respaldos que van desde el coxis a la coronilla.
Confieso que he probado algunos en las tiendas,
me he sentado en ellos, estiré las piernas, palpé
si eran de cuero, de arpillera,  tusor o lienzo.
Miré la resistencia de su estructura. Si era de madera,
aluminio, plástico reforzado, desmontables y otros etc.
con que me tentaban (y acosaban) gentiles vendedoras.
 Pero mis glúteos están acostumbrados a sus molduras,
mi hueco poplíteo (vaya nombre) perfectamente adaptado
al borde, ya gastado,  de su viejo asiento con espuma.
Tibia y peroné (y todos sus músculos) alcanzan exactos
la distancia que del piso los separa. Digamos casi perfecto,
salvo el santo resorte empeñado en jugar con mis trapecios.


A los amigos


Encorvados ventricularmente
nos embriagamos en desvaríos.
Ilógicos, sobre un vértice de luz,
mirando desde allí transformar
en oscuridades la luz del sol,
disfrutamos un mar en la barbilla
y diez minutos en la mano abierta.
Nos extasiamos en la preñez del aire,
dibujando lunares a los amigos,
riqueza que guardamos alucinados
como la llave que trae un poema.

miércoles, 19 de julio de 2017

Solitario marginal

Acumulo noches pensando en tu región más discreta.
Horas de sueño atravesadas muy lentamente, al paso,
en la desesperación de sentirme un solitario marginal
en ese juego raro de irte descubriendo en los pasadizos
que dejan las huellas del deseo cuando está amaneciendo.
A veces disfruto de esa porción de mí que te has llevado
y que ratifica el vacío de mis manos llenas de nada.
Desorientado busco el beso inasible en medio de la noche,
en una peregrinación que es un interrogante abierto.
Quiero cesar esa irracional búsqueda de tus lugares vacantes,
que solo sirven para que mi boca tenga absurdas razones
para seguir creyendo que soy dueño de tu fatal presencia
en el tálamo desolado en el que acopio noches imaginándote.


martes, 18 de julio de 2017

Dulce embrujo




La ausencia abrasadora
es un dulce embrujo
que conduce a la locura
si no halla el corazón respiro.

Usurpador

Hidalgo, enterrado en días semejantes,
con sus secretos labios malvas sellados,
asomándole la mediocridad en los bolsillos,
empeñado en cultivar espigas verdes
regándolas con el ajeno sudor colectivo,
agita tumultuoso la vertical audacia
de recordar el porvenir desnudando
el vaho de las fantasías a la distancia.
Se ve a sí mismo como disidente necesario
de los que escriben saciados de letras,
de esos indescifrables que sucumben
en el vértigo de las frases. Escucha
el letargo del idioma con la memoria varada
en el fruto de lo que va a inventar,
ese sueño que le quema el vientre y llama hambre,
con ira y sin paciencia, cuando se descubre
desconsolado usurpador de la liturgia
que encierra el secreto de hilvanar palabras.


lunes, 17 de julio de 2017

En definitiva


Vago, recién lavado, extraño,
respirando esperanza
con indoloro desapego.
Ni sonámbulo ni avispado,
minucioso, inconexo. Previsible.
Desconocido, soy un pájaro
desayunando migajas,
una victoriosa derrota,
azar y costumbre. Número secreto.
Un páramo de venas,
brazos terminados en manos,
una loca cordura sobornable,
puñalada que llega al hueso.
Respiro la desidia
y el humo de las ventanas,
palabras y mil volteretas,
polvo, árbol y caminos.
Un paisaje definitivo a construir,
un niño viejo sin memoria.
En definitiva no soy más que vida
a punto de fugarse o de quedarse.

Hay días

Hay días semejantes.
Hay días inesperados.
Hay días diferentes.
Hay días calurosos.
Hay días insumisos.
Hay días inolvidables.
Hay días destemplados.
Hay días para perder.
Hay días muy difíciles.
Hay días previsibles.
Hay días que son ayer.
Hay días de pocas horas.
Hay días sin nombre.
Hay días que nunca llegan.
Hay días en que te destapo.
Hay días en tus brazos.
Hay días en que me enseñas
que solo hay días en tus días.



sábado, 15 de julio de 2017

Silencio equidistante


Un silencio equidistante acumula noches,
imposibles desengaños y latidos leves.
Cómplice del estupor inventa códigos
de abandonos, de horizontes, de gestos.
Envuelve rituales con nombres extraños,
destroza inoportunas quejas y el iris azul
de la curiosidad. Pronuncia los plurales
de todos los errores cometidos. Los duplica.
Se sienta en el borde de la verdad. Dice
verdades despóticas, mentiras impiadosas.
Todo tan conmovedor y en absoluto mutismo,
sin cielo y sin mar. Solo silencio equidistante.

Debería

Debería llevar mi cuerpo
(columna de humo)
al justo medio del montón.
Sacarlo de la periferia,
ubicarlo en el apartado musical
de esas tardes largas,
en el descampado de tus ojos.
Huérfano de silueta
debería poner cara de pasillo vacío,
de muñeco de porcelana,
que quien exista no sea yo, sino otro,
un homínido que te recorra
en el microclima fugaz de tus caprichos.
Pero entonces no sería yo,
sinó un fantasma asfixiándose solitario
en el patético tumulto
de la ofensiva procesión de tu insaciable avidez.


La esfera gira


Como infantiles ojos colgaban faroles
en el pañuelo negro de la noche.
Desde la altura de las flores se agotaba
el sudario de mi curiosidad
y el tiempo descendía peldaños de historia.
La esfera liberó su movimiento
prestando atención a otros aspectos de la vida.
Que pequeña la corteza de la mirada.
Solo ve faroles, pañuelos y flores, solo eso,
se pierde los ojos, la noche, la altura,
lo que queda en suspenso mientras la esfera gira.