viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz 2011



“…el camino hacia la libertad y la felicidad no es sencillo. Bien sabemos que ninguno de nosotros puede lograr el éxito actuando en soledad. Por consiguiente, debemos actuar en conjunto, como un pueblo unido, para lograr la reconciliación nacional y la construcción de la nación, para alentar el nacimiento de un nuevo mundo…” (Nelson Mandela)

Que en 2011 podamos realizar algo de ese camino... con todos los deseos de felicidad y prosperidad personal.... desde el corazón...

martes, 21 de diciembre de 2010

Germinal

Azotado el individuo todo
por las furiosas hordas
de la total destrucción
en sus mínimos cimientos.
Conmovido por el destrozo,
sin que anide esperanza,
de posible vida nueva
después de la siega feroz
del engaño, el odio y el rencor,
reina por doquier la desazón.
Se pierde la serenidad,
aborreciendo lo ayer querido,
despreciando lo logrado,
deseando no haber nacido
para padecer lo no merecido.
Deseos de ruina y muerte
de lo propio y de lo ajeno
parecen solo conducir
posibles destinos nuevos.
En el mayor desamparo,
cuando ya no es posible
retornar a lo perdido,
páramos son las esperanzas
y las ilusiones cosa yerma.
Aquello sembrado otrora,
que desvaloradamente oculto
en el fondo de cieno perduró
comienza su germinar eterno
por sobre las tristes ruinas
en que nos convertimos.
De a poco y contradictorio
avanza en las tinieblas
alimentándose de lo fértil,
que perdura sin saberlo.
Nutriéndose de recuerdos
desperdigados en la nada,
hasta ser fuerte de nuevo
y revivir lo que ya creímos
por siempre había muerto.





Ilustración:  "Desesperación-Destrucción" Guillermo Tull
                  "Germinal, nacimiento del hombre libre" Cindy Millet

sábado, 18 de diciembre de 2010

Pendón

El cosquilleo es el pendón

Que tu lengua dejó

En mi oreja, como pabellón.



Brindis

Calina la tarde,
se viste de nubes
al llegar el ocaso.
Breve la espera,
ansiado el encuentro,
extenso el periplo
para llegar al brindis.
El vino escarlata
se bebe tus labios,
me roba el beso,
extasía el deseo.
La lluvia acaricia.
Mi nuca encantada
se deja jugar
por picaros dedos.

Se cierra la noche
en el cerco del lecho.
Los cuerpos se ligan,
se enredan, retuercen.
Solo se habla la lengua,
del roce perpetuo.
Lo demás apenas es coro
de suspiros y besos.
El amor, jinete afanoso,
con la carne, brioso copula.
Extenuado, indolente,
después se descansa
preñando el afán,
con acertado mimo.
Se explaya el sopor
por tu espalda desnuda,
mis brazos se guardan
cobijando tus pechos.
Así hasta el alba
se duerme el anhelo.
Y despierto ya el día,
tu piel se lleva mi piel
por cierto camino.
Se azuza el fuego,
reavivan cenizas
en nuevos jadeos,
mostrando que aun
se encuentra vivo
el rojo del vino.










jueves, 16 de diciembre de 2010

Tonalidad

Lujurioso gualdo
Se esparció en la tela,
llevado por mano
suave de mujer,
sentando el fondo
de la dominante escena.


Abarcativo zarco
hundió su huella
cual si una diosa,
en viva nochevela,
poseerlo quisiera;
y, en un tinte nuevo
transmutarlo todo..


Engendrado glauco
predomina el cuadro
sobre la dorada base
en la que apenas
el azur asoma
coronando lumbres.


Tal vez sea un secreto
y antiguo arcano
la cifra que se esconde
de la pequeña ave
que los ojos no divisan
mas adivina el alma.


Con esmero, orla el ámbar
La trova silente,
Punto central de la escena,
Presagiando que,
sólo en el silencio,
cantará la voz del alma.


Ilustración: "Sólo en el silencio,
cantará la voz del alma"- Delia Goldadler Joison

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Ellos dos

Germinan palabras
dichas sin correspondencia
con los pensamientos
que anhelan brotar otras.
Se esfuerza la mente
por controlar el gesto,
evitando que se traicione,
en el rostro el deseo.
Se dominan las manos
entrelazadas a si mismas
para no buscar el roce
de la tan cercana piel.
Pero inevitable y libre
la mirada no cesa
de seguir los labios
de gesto sensual.
Interminables momentos
buscando el instante,
la oportunidad correcta
de apreciar su roce.
Tal vez un descuido,
o una cuidada oferta,
permite que llegue
la caricia primera.
Y como si esta fuera
de la pasión la puerta
ellos dos se dejan
en la boca, devorar el alma.



Ilustración: "El Beso" - Gustav Klimt





Horas


Lo mejor de las horas

De la tardenoche de ayer

Me deja hoy, amanecer distinto.







jueves, 9 de diciembre de 2010

Vaya suerte

Lo gris del día huele a cenizas,
gorriones y torcazas batallan,
casi hasta triunfar, contra la brisa.
Por olvidarme de beberlo
perdió su tibieza en el pocillo
el café con que desayuno.
Pasé la noche en vela,
maldormido salí al alba
camino a ningún lado.
Y lo malo es que llegué
justo cuando alzaste vuelo.
Vaya suerte la que hoy tengo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una sorpresa

No soy un hombre de sostenerme en supersticiones, mucho menos creo en las premoniciones y por supuesto que, como profundamente racional que me sostengo, niego tener poder alguno para oficiar de pitoniso y/u oráculo.


Tampoco soy hombre de fortuna, no es que viva al día, pero resulto medido en mis gastos y trato de adecuarme a mis ingresos.

Por esta razón, pero más principalmente porque el Banco me cobra gastos de mantenimiento cuando mi caja de ahorro permanece en cero, es que siempre acostumbro a dejar en ella una parte de lo que percibo y voy sacando a medida que necesito.

Y esa medida había llegado hoy por la mañana.

Ayer tarde tenía en mis bolsillo suficiente efectivo como para atravesar el feriado del ocho de diciembre, por lo que no se me ocurrió pasar por un cajero automático.

Pero entrada la noche, recibí la noticia de que una persona amiga se encontraba por aquí y decidimos ir a cenar como comienzo de una agradable noche y de un reencontrarnos.

La cena fue opípara, la noche agradable y el reencuentro prolongado y digno de ser guardado con discreción, pero mi efectivo se volatilizó, a punto tal que hube de restregar monedas para poder comprar los cigarrillos que resultan infaltables en mi persona.

Así las cosas, y no debiendo preocuparme por más gastos que hasta el mediodía de hoy, en las primeras horas del día me fui a dormir.

Algo mas tarde que de costumbre me desperté y comencé mi rutina diaria: baño, desayuno, encender la computadora, leer noticias, preparar algo de trabajo (hoy no debía salir de casa puesto que ayer todas mis faenas exteriores las había cumplido), y así transcurrí mi corta mañana, hasta que, doce y veinte, recordé que la efectividad de mis bolsillos estaba en cero y que debía concurrir al consabido cajero automático.

Pese a que a media cuadra de mi hogar tengo un cajero, por una cuestión de fidelidad (la única que me debe quedar), caminé tres cuadras hasta el cajero perteneciente al banco emisor de mi tarjeta.

Llegué hasta la mitad de cuadra de la Avda. La Pata al mil cuatrocientos, en la puerta una veintena de personas airadamente protestaba, costumbre muy habitual en los habitantes de esta urbe autodenominados porteños.

Frente a los cajeros automáticos un cartelito rezaba: “POR RAZONES AJENAS A ESTE BANCO LOS CAJEROS NO EXPENDEN DINERO”

Enojado con mi apego a la fidelidad bancaria, (y descreyendo de su utilidad) resolví volver sobre mis pasos y ejercer mi derecho a la infidelidad en el cajero que está a media cuadra de mi casa.

El mismo lucía radiante y pulcro, como siempre y desde su pantalla me decía: “CAJERO FUERA DE SERVICIO”

Recordé la existencia de un supermercado a cuadra y media y que en él había visto un cajero automático y hacia allí fui. Encontré cinco o seis personas frente al mismo que miraban absortas el cartelito de letras rojas FUERA DE SERVICIO, y todas comentaban un periplo más o menos semejante al mío.

Hice un cálculo mental de mis necesidades manducatorias para esos momentos, y me pareció mas prudente abandonar mi búsqueda de un expendedor automático de billetes, reemplazándola por el siempre a mano y bien querido minisuper chino de frente a mi vivienda.

Pese a los contratiempos pasados y las horas que se me habían ido en busca de efectivo, me dirigí contento hacia “los chinos”, como familiarmente se les dice en el barrio.

La razón de mi alegría, en parte se debía a que estos comerciantes orientales aceptan tarjetas de crédito y de débito, pero más que nada, porque quien sabe atender la caja las más de las veces, es una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida y con una simpatía desbordante.

Alta, de cabellos negros, piernas largas, con un pequeño dragón alado tatuado en su pantorrilla, siempre sonriente y de nombre irrecordable e impronunciable, (pese a que se lo he preguntado mil veces) es la única persona en la tierra a quien le entrego mi dinero con verdadero placer.

Pero esta vez, todas las ponderaciones que acabo de referir de ella, se troncaron en un seco: “TARJETA HOY NO. NO ANDA BANCO” (esto castellanizado de la mejor manera que puedo)-

Siendo como soy, un cliente casi habitual, traté de explicarle que había tenido problemas en retirar dinero del banco, y que no disponía de efectivo, haciendo uso y abuso de mi mejor sonrisa, le pedí que me dejara llevar la mercadería que había sobre la caja, que lo anotara y que por la tarde, en cuanto solucionara el problema del banco, le abonaría.

“TARJETA NO, PLATA NO, MERCADERIA NO” fue toda la respuesta que pude obtener.

Hundí mi humillación y vergüenza en el mas profundo de mis desencantos, aborrecí la terquedad del pequeño dragón alado de la pantorrilla de la belleza china y caminando de regreso a mi hogar iba tratando de dilucidar si, me resignaba a continuar mi ayuno hasta mas tarde o reemprendía el periplo en busca de efectivo en algún cajero que estuviese dispuesto a brindármelo.

Dado el calor de las primeras horas de la tarde, opté por lo primero y al acercarme al edificio en que vivo, veo a Serafín, el encargado, que junto a otra persona se encontraban arreglando la cámara de seguridad, - “se rompió la computadora” – me dijo a modo de saludo.

El ascensor se encontraba fuera de servicio por la misma razón y el portón de la cochera solo funcionaba manualmente por circunstancias análogas.

Fue allí cuando recordé algo que había escrito en alguna noche trasnochada: “Poderoso Caballero”, algo que por allí aún navega en Internet y que puede ser apreciado o depreciado si alguno se logra conectar.

En ese trabajo intentaba narrar las peripecias de un mundo en que los chips, los byte y toda cuestión ligada a la informática se declaraba en huelga independientemente de la voluntad de los hombres, y como, en pocos días todo era un caos.

Temiendo que esa historia se estuviese tornando real, decidí apurar mis pasos hacia algún cajero automático que funcionara, quise cruzar la avenida La Plata en dirección al centro, pero el semáforo no funcionaba y los automóviles comenzaban a ejercer su derecho de prioridad sobre cualquier peatón.

Extrañamente recordé que durante todo este tiempo no había escuchado el vuelo de ningún avión, quise saber la hora, y mi reloj digital había dejado de funcionar.

Fue entonces cuando me senté en un banco de la plazoleta que está en Rivadavia y Avda. La Plata y comencé a garabatear estas notas en la libreta que siempre llevo conmigo, para no olvidar lo ocurrido, si alguna vez tenía la oportunidad de pasarlo a mis archivos.

Estaba ya casi convencido de la huelga de byte y de que mi escrito “Poderoso Caballero” había sido premonitorio, cuando escucho por la radio de un taxi que había estacionado cerca de la acera que había huelga de los distribuidores de dinero en los Cajeros Automáticos, que todo era cuestión de días hasta que se solucionara el conflicto.

Me alegré de volver a ser racional.

Frutal


Me dieron a elegir

Cerezas o frutillas.

Me quedé contigo.



Ilustración: "Bodegon con cerezas y frutillas" Louise Moillon

martes, 7 de diciembre de 2010

Enigma


Desnudé mis libertades
en el universo ilimitado
de la frontera de tus ojos.
Se abrieron profundidades,
en aquellos secretos lugares
que tus yemas exploraron.
Púdico, se tabicó el afuera,
para que solo nos quedara
un adentro muy nuestro.
La bochornosa tarde
apagó todas las lumbres,
menos una, que encendimos.
Se desencajaron los teléfonos,
para no trepidar el silencio
atronador en que nos acoplamos.
El intervalo se hizo eterno,
Innecesaria y vana espera
de continuos eventos sucesivos.
La noche sin luna fue enigma,
que en el jergón intenté develar
como un arcano no resuelto.
Por fin, ya cansado de no andar,
atisbando que nada cambiaría
le quité toda vida al aplique suicida.
Pase mi brazo por debajo
De la almohada que me sostenía,
Y contigo lejos, me confié a soñar.

Ilustración: "El enigma del deseo" S. Dalí

domingo, 5 de diciembre de 2010

Ultima mirada

Después de muchos años volví a verla.
Ya no era la misma. Es que, que como a mí, los años también le han pasado, y en su paso le fueron dejando huellas.
Estuve un largo rato frente a ella, tal vez… tal vez esperando que me reconociera… que guardara, en algún rincón de su memoria, algo de ese tiempo que compartimos.
Pero no. Ninguna señal en su frente me dio indicios que de mi tuviera evocación alguna. Resultaba evidente que, desde mi partida, el olvido había ido tejiendo telarañas que borraron mi presencia.
Entristecido, guardando aún una última esperanza, atisbé con esmero cada ángulo de su figura, (en mi retentiva estaban todos) con el oculto deseo de ver que mi paso en ella había dejado huellas.
Nada.
Mi adolescencia, pasada cada día juntos, no se prolongó en modo alguno hasta esos días.
La ví mas vieja, descuidada, casi como si hubiera caído en el total abandono, una inmensa pesadumbre me fue invadiendo, pensando que tal vez ella, viera frente a si, una imagen semejante a la que yo, melancólico, observaba.
Tampoco la calle en que estaba era la que antaño era. Todo aquello que mi recuerdo atesoraba se había mudado.
De pronto, sentí el impulso incontrolable de acercarme y volver a acariciarla con mis manos, sentir su roce, recostarme en ella, como en esas tardes en las que, recostada mi espada a su vera, dejaba vagar mi mente imaginando futuros que nos encontrarían juntos.
Pero no. Ya no era posible.
Ahora era ajena.
Respiré hondo, tratando de sacarme del pecho la desazón de encontrarla en otras manos, y aún en su dejadez, disfrutando de unas risas que mías no eran, y de algún modo me alegré por ella.
Caminé unos pasos y me volví a verla, la última mirada que de ella tengo, la que quiero borrar, para guardar la de mi adolescencia, esa que, cuarenta y tantos años atrás me llevé, el día que dejé mi casa paterna.



Migrante


Quieta y estática, se percibe
su silueta, dibujada en el trasluz,
de un portillo detenido en el tiempo.
Por manos, añosos sarmientos,
que culminan en ese bastón
sobre el que golpetea el dedo cordial.
La vitela de su rostro, hoy ya mustio,
guarda una envidiosa serenidad,
que lo sostiene por sobre este presente.
En el dúo de sus ojos, como gran fanal,
como fulgores, todavía se destacan,
picardías que solo son recuerdo.
Segada la sonrisa en los vallados labios,
apenas se percibe, insinuante,
por debajo del cano pelambre de su bozo.
Enteras y quietas tardes gasta,
en invocar idas vivencias
de su asturiana juventud.
Aún, la mar salobre le aroma,
Y “Campanines de mi aldea” le endulza
Triste, en su oído, la añoranza.
Descansa sus cansadas piernas
en esta plaza que hoy le deja
con migas de pan, engordar palomas.
En la dormitada somnolencia,
cada vez mas cerca de ella,
la so muyer de la mano le lleva.
Volver a Asturias una vez quiso,
retornar a la sidra y al carbón,
y nunca mas tierra asturiana pisó.
Constructor importante de este paisaje
Simboliza su figura señera
El añoso migrante que encarna.










sábado, 4 de diciembre de 2010

Si me vieras hoy

Si me vieras hoy,
que amaneció nublado,
zozobrando,
en un marasmo
de papelería vana.
Tratando de ordenar
ideas, que siguiendo
al sol que no amanece,
no alumbran una imagen,
que me justifique
el haber madrugado,
dejando, vacío el lecho
de todo amor posible.

Si me vieras hoy,
despojado de la inútil
corbata que me acompaña
como mi propia piel,
cada jornada semanal.
Así, vestido de hombre
harapientamente primitivo,
pero por sobre todas las cosas,
de ideas totalmente astroso.
Seguramente pensarías,
hasta llegar a convencerte,
que por fin has encontrado
la imagen del desbarajuste.

Si me vieras hoy,
con esta imagen que quiero
que de mi te lleves,
cerrarías, diligente,
cualquier posibilidad
de volver a verme.
Me quedaría para siempre
una sola gran tristeza,
porque, de tan solo ojearme
en un instante de la vida,
te habrías llevado
de una vez y para siempre
de mí, solo lo aparente.



viernes, 3 de diciembre de 2010

Viaje

Me anuncias que partes

Para llegar un día incierto.

Yo me quedo en el suplicio

De la fortuita espera.









Amalgama


No quiero perder la amalgama
Que me llevó a donde estoy
No quiero girar hacia ningún lado
Para evitar lo que me está guardado
No quiero que mis cinco sentidos
Dejen de vibrar con lo que percibo
Quiero lograr ser quien enhebre
La dicha en la presilla de la vida
Sin que derecha o izquierda
Me confundan los caminos
Ni atorado en la precipitación
Me pierda de tu destino.


Ilustración: "Amalgama" Ricardo Gonzalez -








miércoles, 1 de diciembre de 2010

Telefono

Calor rotundo
Y ganas
De no hacer.
Ni siquiera
Pensar.
Suena el teléfono.
Si fueras vos
La tarde
Cambiaría.
Ventanas
Entornadas,
Muy poca luz,
Alguna música,
Suave, tranquila,
Al fin y al cabo,
Es para no escuchar.
Allí otro calor
Inventaríamos.

Fisica

Estrechado en mi regazo

Tu cuerpo desmiente la física

No lo dilata el calor. Se abrevia.


Mujer

El sol traza luminosas rectas
Que se esconden tras edificaciones.
Circunvuelan húmedas palomas,
Simples notas de repetidas canciones.
Señoras de piernas imperfectas
Llenan los aires de aromas.
Esto es Buenos Aires al atardecer
Luego de fecundos chaparrones,
Charlas de negocios en un café,
Promesas de mutuas abdicaciones,
Y ganas de pinchar al mundo con un alfiler.
Es entonces que descubren mis ojos
La sombra de tu silueta orillando mi perfil.
La falda a media pierna, cabello corto
Lentes y sonrisa en un rostro infantil.
Todo el mundo mirándote absorto
Mientras a mi se me ocurre ser tus despojos.
Una mujer en una calle de una Buenos Aires
Que bribonea su cadera frente a mi
Yendo hacia ese lado donde no estoy,
Pero que lleva mis ansias tras de si.
Y la de otros muchos que van donde yo voy.
Arrastrados por ella y sus propios desaires.
Se la traga de un subte la boca,
Mientras la lluvia vuelve a cae.
No paran los taxis en este aguacero,
Esperar y esperar es lo que me toca.
Contento, me dejo en la acera llover.
Ella se fue, yo me quedo con su balanceo.

martes, 30 de noviembre de 2010

El telegrama

Esta historia ocurrió en los tiempos en que el correo electrónico ni siquiera había sido pensado, mail era una palabra que solo algunos pronunciaban en su país de origen, el teléfono era un artefacto difícil de conseguir y mucho mas difícil de hacer funcionar y las distancias seguían siendo las mismas que ahora, pero parecían mucho mas largas y se tardaba días, meses y semanas en recorrer lo que ahora podemos recorrer en horas.-


En esos tiempos que para muchos parecerán infinitamente lejanos y para otros no es mas que ayer, quienes estaban muy lejos unos de otros utilizaban un medio de comunicación hoy casi desconocido: el Telegrama.

En los telegramas se enviaban mensajes cortos, porque se pagaba por la cantidad de palabras y espacios que contuvieran.

Si alguien necesitaba decir a otra persona que necesitaba, por ejemplo, un vehículo para la semana próxima, en lugar de decir: “Por favor envíame el auto sin falta para la semana próxima”, escribía: “Urgente auto semana próxima” y así se ahorraba siete letras y sus correspondientes espacios.

Es decir, no se ahorraba las letras ni los espacios, sino el costo de ellas en el telegrama.

Se llenaba un formulario, se entregaba al telegrafista y este, telégrafo mediante (otra cosa que me parece ya no se usa) enviaba el mensaje al destinatario que lo recibía en cuestión de horas.

He aquí, que nuestro personaje, un individuo por demás ahorrativo cuyo nombre no vamos a publicar por razones de decoro, decidió mudarse a una ciudad lejana del sur de nuestro país.

Por esas viejas épocas el viaje se hacía en tren desde Buenos Aires a San Antonio Oeste tardándose unos dos días y desde allí en viejos colectivos con asientos de madera hasta su destino en otros dos o tres días, dependiendo de la época del año y el estado de los caminos.

Cinco días más o menos para llegar donde hoy se llega en dos horas.

Pasado ese tiempo y con la espalda dolorida y otras partes también, nuestro amigo llegó a ese campamento de trabajadores que prometía llevarlo a la fortuna.

Su contrato de trabajo incluía una habitación con una cama y un ropero, dos sillas y una mesita, todo dentro de una fila de largas habitaciones iguales que tenían en común, a más del paisaje y el viento, dos baños públicos.-

Todos los habitantes del campamento eran hombres, con lo cual la limpieza y pulcritud de los baños no era algo para mostrar como ejemplo, y nuestro personaje, era un individuo muy quisquilloso en este tema…. Él odiaba bañarse bajo un caño que tiraba la más de las veces agua fría, lo cual ya era un problema, pero mayor problema significaba para él tener que bañarse a la vista de todo el mundo.

Por otro lado, este buen señor, como todo hombre de ciudad de ésa época, estaba acostumbrado a los baños de inmersión.

Si, esos baños que no son muy higiénicos que digamos pero que le permiten a uno estar metido en el agua hasta la coronilla, y un poco mas si lo desea, por todo el tiempo que quiera mientras la temperatura del agua resulte agradable al cuerpo.

No. No sabemos si nuestro personaje tomaba los baños de inmersión solo o acompañado en su ciudad de origen. Solo sabemos que los tomaba y que disfrutaba de ellos.

Después de un tiempo y cansado de sus limitaciones ablutorias, el ahorrativo, por no tildar de tacaño, ser, objeto de nuestro relato, decidió enviar un telegrama a su familia para que le enviaran un artefacto donde poder realizar sus ansiados baños de inmersión.

De inmediato se le planteó un problema, no quería gastar mucho dinero, es mas, deseaba gastar lo mínimo en tal pedido, para ello se puso a pensar, y a escribir, cual sería el texto a enviar.

“Deseo darme baños de inmersión y no tengo como, por favor envíenme una bañera”

Fue lo primero que se le ocurrió, calculo… veintiocho palabras-espacios, multiplicó por el precio de cada palabra-espacio y le pareció muy caro. Decidió abreviar.

“Para baños inmersión, enviar bañera”

Diez, palabras-espacios, multiplicó por el precio… y si bien se había reducido mucho, tampoco estaba dispuesto a pagar ese valor.

Tenía que ser más breve.

“Necesito bañera. Enviar” fue la siguiente opción, seis palabras-espacios. Vaya!!! Había mejorado sensiblemente… pero aún le parecía un dispendio de dinero invertir ese costo para darse un gusto.

Así estuvo varios días, pensando y repensando textos, calculando costos y gastando infinidad de hojas tratando de lograr un texto para poder mandar un telegrama de la manera mas económica.

Por fin, un amanecer en que se encontraba desvelado tratando de hallar una solución a su planteo, se le ocurrió la palabra justa.

Esperó a que abriera el correo, y en el mismo instante en que el telegrafista abría su ventanilla, le acercó el formulario con el texto escrito.

El hombre del correo lo miró asombrado, -Esto solo va a mandar? – preguntó mirando el formulario de telegrama.

- Si – contestó orgulloso y lacónico nuestro actor.

El empleado volvió a mirar el texto, hizo una mueca para su adentros y cobró la tarifa mínima por una sola palabra: “i”.-

Algún tiempo después, el aventurero trabajador que había migrado al sur para incrementar sus ahorros, feliz diariamente disfrutaba de sus baños de inmersión en una flamante tina.

Quien recibió el telegrama con una sola palabra, en realidad una sola letra, había interpretado correctamente el mensaje.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Latido

Esto, que tengo aquí es bronca

Metida en medio de mí pecho.

Pero late, como si fuera un corazón.




Ilustración: "Bronca" Roberto Gatti

viernes, 26 de noviembre de 2010

Buscaba una palabra

Sin recordar la última imagen onírica
Buscando una palabra me despabilé.
Justo cuando irrumpía el sol,
Ese eterno infiel de este lado de la tierra,
Filtrándose entre la falda de la luna,
Para evaporar, lascivo, la humedad nocturna.
El agua matinal del baño, evocaba la vida
En cada uno de los poros de mi geografía,
Mientras mis dedos restregaban, con especial cuidado
La base de mi blanca cabellera, evitando,
Que de la mente escapar dejara
Mi continuo indagar sobre la palabra buscada.
Con especial aliño, cada prenda
Ajusté sobre este armazón llamado cuerpo,
A punto tal, que frente al espejo que me miraba
Deje mi corbata a medio acomodar.
No quería que la sangre su trajinar
Viera interrumpido, haciéndome olvidar
Que mi mente, buscaba una palabra.
Compartí el desayuno, café cargado,
Con quien desde el televisor me daba
El estado del clima y alguna otra pavada.
Como cada día, raudo y diligente
Tome mis llaves y al ascensor partí,
Sin olvidar que mi mente una palabra buscaba.
Metido en multitudes que sin pudor,
Ni alguna discreción de continuo me rozaban.
Deambulé en el tumulto, uno mas entre la plebe.
Evitando que las linduras veraniegas
De mujeres escotadas, distrajeran
El afán de mi mente, por buscar una palabra.
Como zángano perenne trabajé todo el día,
En mi continuo hacer nada.
Rondando en mi cabeza, dale que dale
La búsqueda de una palabra.
Resignado a no encontrarla,
Caída ya la tarde, final de la jornada,
Quite todo inútil revestimiento
De esta materia que llamo cuerpo.
Y feliz frente al mundo desnudo estaba
Cuando sobre mi dorso se apoyó la mano
Electrizando la dermis acalorada.
Apareciendo, sola, al instante la palabra:
“Tu”

Cerro aislado

Como si fuera
La única soledad
De una llanura extensa
Que hoy abarca
Una vida entera
Mi corazón se encuentra
Mas allá de toda ofensa.
Como si estuviera
En un páramo de abandono
Y de incomunicación
Visible en la distancia
Como aguerrido halcón
Que se huye del encono.
Como si pudiera
Piedra tras piedra aumentar
Esta pequeña elevación
Que hoy muestra su vigor
Entre toda muchedumbre
Tratando de ser solo
Un hombre en construcción.
Como si llegara.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Vaciedad dichosa

Dicen los que saben
Que en la vaciedad
Nada puede existir.
Y si esa nada está
Difícilmente pueda ser
Algo más que nada,
Mucho menos dichosa.
Pero los que saben
No saben o no pueden
Saber que saben
Que la nimiedad que dicen
La experiencia contradice,
Puesto que soy testigo
De su cara satisfecha
Por esa vacuidad
En que ambos logramos
Mutuos apogeos.
De todo ello colijo
Que si existe eso que
De algún modo llamamos
Vacuidad satisfecha
Aunque no lo digan
Los que dicen que saben
Nosotros logramos
De manera afectuosa
Cada vez que nos amamos
Esa vaciedad dichosa.





lunes, 22 de noviembre de 2010

Aros

En esta ilusión

Un aro,

Quiso ser más

Que Pendiente

No zarcillo adulón,

Ni de tu lóbulo

Colgante,

O de tu rostro

Simple adorno.

De tu corazón abridor
 
Él ser quería.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Ruego helénico

Sin posibilidad alguna

De lograr como Ulises

Atravesar las aguas

Liado a alguna arboladura

Temo compartir con Neptuno

Del piélago las simas.

Pero como resistirme

Al verdemar que me llama

En silencioso canto

De callada Nereida.

Sin remeros que boguen

El batel de mi deseo

Ni timonel que guíe

La nao de mi anhelo

Temo encallar en el rechazo

De su silente boca

Y perder toda oportunidad

De verme reflejado

En el brillo de sus ojos glaucos.

Afrodita, diosa del deseo

Contempla mi ruego,

Que Eolo me arrime

A su deseado embarcadero.









sábado, 20 de noviembre de 2010

Aviso clasificado

Lo hizo…

Sin decirme nada,

Ocurrió de pronto

Por sorpresa.

Desperté un día

Y noté su ausencia.

Inútil fue buscarla

Por todos aquellos lugares

Donde solía encontrarla.

Se fue de mi vida

Y al descubrirlo

No podía creerlo,

Era imposible que me dejara,

No tenía motivos

Ni razones para hacerlo.

En vano esperé que regresara,

Y mi angustia cesara.

Luego, a los pocos días

Me invadió el rencor.

Bronca por su ausencia

Por haberme abandonado,

Por no reconocer

Que de ella dependía.

Llegue a odiarla,

Casi tanto

Como antes la amaba.

Al tiempo me resigné,

Tal vez, sea mejor,

A mis adentros me decía.

Podré vivir sin ella,

Será fácil reemplazarla,

Ya vendrá algo

Que ocupará su lugar.

Hoy los que saben

Me dicen que no me queda

Más que olvidarla

Que se borre de mi mente

Como si nunca

La hubiera tenido.

Tal vez, eso intente,

Pero mejor pruebo

Darle una última

Y final oportunidad.

Un aviso en el diario,

Para que sepa

Que aun la espero

Y si lo desea

Regresar intente:

“Te fuiste sin avisarme

Musa inspiradora

Regresa urgente”



Ilustración: Conrad Roset