Caí en el vacío de sus ojos
de un
solo salto al infinito.
Los
pájaros dejaron de volar
y los crisantemos
apuntaron
sus
pétalos a un nuevo exilio.
El tiempo
fue feroz y furioso,
me cubrió
de hematomas
que
disfracé de otros alivios
en la aplazada
intemperie
de mil
sofocos. Fui quimérico,
espejismo
y reflejo indeciso
de
cualquier mortal pecado,
inercia
vaga de tontas excusas,
hilacha
de una última palabra.
Hasta
que en un abismo de ecos
la
lucidez trajo algo de valor
a mi
desnudo destino incierto,
y pude
huir del carcelero amor
dibujando
alas en mi espalda
y
envenenando con risas el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario