lunes, 15 de noviembre de 2010

Marino

Madrugador como ninguno,

Intrépido y solo,

Me internaba en el mar

De tus ojos de cielo.

Que no eran mar ni firmamento.

A veces, límpidos y claros

En ellos ver podía

Hasta el más íntimo de tus secretos.

Acaso eran grises, o

El color de la tierra tomaban.

Los he visto verdes

Y también que del azabache

Presto el color atrapaban.

Tus ojos cambiantes

Han sido mi guía

De torpe y quieto marino

Que por ellos,

Confiado, por todo tu cuerpo

Dejar se llevaba

Y allí, por fin me anclaba,

Sabiendo que él era

Mi único puerto

El que siempre, tanto anhelaba.

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1 comentario:

  1. Esta poesía desde que tuve el placer de leerla me encantó, es preciosa.

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