Desnudemos hadas
aquí, al oscurecer,
a puertas cerradas,
lindando el laberinto
del árbol sin hojas.
Con la misma mano
que la última vez,
ayudo a entender
el camino sinuoso
que lleva al pecado.
Déjame ser la llave
que abra los grilletes
de tus gritos internos.
Faraón y emperador
que reine en tu pétalo,
el definitivo lobo azul
de tus claros lugares.
Seamos un él y ella
expiando sueños rotos,
y luego idearé contigo
la oración invisible
de inasible entrega.
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