domingo, 13 de diciembre de 2015

Escozores

Desmitificaba a la realidad
equilibrando la división adjetival
con la sutileza expuesta al sol.
Con una simpleza absolutista
digna de satisfacción garantizada
y muy seria ambigüedad
que le permitía mojar la ropa
equilibrando su senos
a la caza constante de un incauto
que conjugara sus caminos.
Dueña de una prepotencia colosal,
adormecía los escozores de su épica
con un arte de buen talento,
acariciando los barros de su jardín
al límite de alcanzar el cielo
con la brutalidad de un soliloquio.
En sus ardores ello no era más
que un antibiótico ambulante.
Aquello que descendía de su fiebre
advertía la necesidad de otros menesteres
que pudieran soportar su arrebatos.
Quizás un atleta de antiguos parámetros,
con firme y durable algoritmo,
que supiere atender su palacete
sin las calamidades del desgano o de la flacidez.
Que purgara con espectacularidad
la espina que permanente le hincaba
regando a su rosa del alba al anochecer.


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