sábado, 4 de septiembre de 2010

Amanece, Amor




Amanece.... Amor

El sol golpea mis ojos.
                            
La ausencia de tu cuerpo   

Convierte mi lecho

En un páramo extenso.

Amanece… amor…

Y en soledad imagino

Otros amaneceres juntos,

Tu piel rozando mi piel,

Mi mano en tu cuerpo.

Amanece… amor…

Y solo siento distancia

Entre tu aliento que anhelo,

Mi deseo que no te halla

Y el vació de tu ausencia.

Amanece… amor…

Tu dulce reproche

De acortar distancias

Se me hace presente

En esta ausencia temida.

Amanece… amor…

Y tu recuerdo hoy

Será constante presencia

En cada cosa que haga,

En cada palabra que diga.

Amanece… amor…

Tu sonrisa se esconde

En el hueco de la almohada

Donde sueño tenerla,

Y se burla ausente.

Amanece… amor

Tus ojos cerrados

Gozan de otra aurora

Lejos de mis sueños,

Ausentes de mis ojos.

Amanece… amor…

Dejaré este frío lecho

Buscando excusas

Para llevarte conmigo

En las calles que camine.

Amanece… amor…

No he bebido hoy

Tus besos amados

Ni tus dedos me han rozado.

Estas ausente.

Amanece… amor…

Sin tu presencia

Igual, siempre, sin detenerse

Amanece… amor…

Porque se que estas allí…

Lejana, inalcanzable,

Pero cerca en algún lugar,

Entre mi pecho y tu pecho

Amanece… Amor

Leyenda de la Roca y el Agua


 
Sobre el azul horizonte,

Patinado de tiempo a alcanzar,

Descansaba la Roca su camino

De siglos, rápidamente idos.

E infatigable, sobre su abrigo

De musgos, jabonosos y fríos,

Desde no se cuantas horas o lapsos,

La Gota siempre caía.

Ciertamente hubo días

En que la Gota allí no estuvo.

Cuando la Roca era otra, seguramente

Recién de la montaña florecida.

En esos tiempos, bajo el cielo

Y sobre la tierra alzada,

Agua Clara, mansa la luna reflejaba,

Con ojos de estrella y calor de sol.

Pero la Roca no se enteró de ella,

Sino hasta aquel día,

En que sintió, sobre su carne mineral

El roce lagrimal de la Gota que caía.

Y no supo cuando había fenecido

Su soledad de Roca, piedra infértil,

Pero si que fue la Gota, quien ahuyentó el silencio

Con el callado grito, de su perenne roce.

Se transformó su cuerpo de Roca,

Con acuosos surcos de milenaria historia,

Y pensó en el origen de la Gota que roía

Su quietud huraña, de Roca altiva.

Más que ver, intuyó que la Gota prolongaba,

La quietud de Agua Clara, bajo el cielo

Y sobre la tierra ennoblecida,

Gritando queda, la vida que vivía.

Luengos tiempos han pasado,

Tal vez en pocos días,

Mas ni una vez tan solo

Detuvo la Gota su venida.

Así perdió la Roca, ayer inmóvil piedra,

Una a una, sus partes componentes,

Mas no perdió de ver que la Gota

Lo suyo le dejaba,

A la vez que también, lo suyo se llevaba.

Varios siglos hace ya,

Que la Roca dejó de estar donde estaba,

Tanto como los que tiene hoy,

Al pie de la montaña crecida,

Una suave agua, por todos conocida

Como Agua de Roca, la bienquerida.

Y cuenta la leyenda de uno que no olvida

Que en la cima de la montaña había,

Una laguna de la Piedra enamorada perdida.

Y que al silencio rocoso, su quietud se debía.

Pero que más pudo su amor y la vida

Que junta a la Roca compartir quería.

Y así, Gota por Gota, decidió que iba

A bajar de la montaña en que vivía,

A horadar la Roca, que feliz la recibía,

Y a formar juntos, de la cumbre al pié,

Agua de Roca, la bien querida.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El olvido




El olvido


Solo es olvido


Cuando el olvidado


Olvida


Que ha sido


Olvidado.


Allí el olvido cesa.


Solo


Es la presencia


De un ausencia


Que alguna vez fue,


Y ya dejo de ser.


Pero el olvido


No se olvida,


De olvidar


Al propio olvido


Y se guarda


En la memoria


Como recuerdo


Del olvidado,


Que no olvidò.


Y un día


Sale a saludarnos


Rescatándose,


De nuestro


Propio olvido,


Borrando


En un presente


El olvido


De alguien,


Tal vez, ausente


De todo


Olvido.









domingo, 25 de julio de 2010

El juego

No era temprano cuando se levanto. Se permitió el lujo de quedarse un poco mas en la cama. Remoloneado.




Sintió los ruidos en la cocina de quienes se estaban preparando el desayuno, seguramente sus hijos, o tal vez su marido apurando el último mate antes de irse a trabajar.


Se levantó despacio, como disfrutando hasta el ultimo segundo de esa sensación de calidez que le brindaban las sábanas y las cobijas.


Se paró frente al espejo, miró su cuerpo bajo del camisón, pensé que no se veía muy sexy con ese viejo camisón, y recordó otros tiempos, cuando sola la piel la acompañaba en sus sueños. La piel y otras sensaciones que con el tiempo se perdieron.


Con sus manos arreglo lo mejor que pudo su cabello y se dirigió a la cocina para desayunar.


Sobre la mesa los restos y los trastos usados, denunciaban que ya todos habían desayunado y, como siempre, se habían ido sin limpiar ni acomodar nada. Para que, si para eso estaba ella.


A eso sentía que se había reducido su función en la casa: la que acomodaba y limpiaba.


Tomo dos o tres mates algo fríos, mordisqueo unas galletitas, y con el último mate en la mano, se dirigió al baño a encender la ducha.


El vapor empañaba el vidrio del botiquín, cuando, quitado ya el camisón, volvió a mirarse en el espejo. Con la mano quitó un poco el vapor y vio su rostro a través de la humedad del espejo, no estaba desconforme, sabía que ya no era joven, pero a sus cuarenta y pico de años se sentía aún atractiva.


Aunque en su casa ya no lo notaran.


Es cierto, le disgustaban algunos kilos de mas que pensaba que tenía y que el siempre postergado régimen nunca bajaba, como tampoco los bajaba la rutina de tres veces por semana ir al gimnasio.


Pero no eran kilos para desesperan, nada que no pudiera disimular una trusa que ajustara o un pantalón que no cediera.


Se metió en la ducha, la calidez del agua le produjo un suave cosquilleo, como hacía tiempo no sentía, dejó que cabello se empapara y que se le fuera pegando sobre el cuello y el rostro.


Trato de ir organizando mentalmente su día. Saldría de la ducha, se vestiría con esmero, tratando de destacar ese cuerpo que conservaba muchos rastros de su juventud y que sabía era mirado cuando andaba por la calle, se sentaría en la mesa a tomar un café, tal vez comer dos o tres galletitas mas, mirar un poco de televisión, tal vez algún programa pasatista de esos que están por la mañana embobando a las amas de casa.


Arreglaría la casa a las apuradas, mas para tratar de que pase el tiempo lo mas rápido posible que por otra cosa, y finalmente, alrededor de las dos menos cuarto de la tarde saldría para su trabajo.


Mucho antes que se diera cuenta, ya se encontraba sentada en el tren, escuchando música por los auriculares de su celular, disfrutando del perfume con que había rociado su muñecas y sus orejas y, fundamentalmente, pensando en como sería su encuentro esa tarde.


Podía decir que no lo conocía, apenas si se habían visto una sola vez y por muy pocos minutos, no sabía si lo breve del encuentro se debió a su nerviosismo, (soy una idiota, pensó,) o a que no había despertado interés en él.


Era raro, algo extraño su comportamiento, recordaba que la primera vez que le envió un mensaje, por mucho tiempo no recibió respuesta, luego la justificación fue que no le gustaban esos mensajes que se mandan a varias personas con la obligación de retransmitirlos bajo pena de no se que calamidades.


Sonrió, como excusa no era buena, pero tenía razón en que esos mensajes resultaban pesados.


Luego, durante mucho tiempo recibió casi a diario mensajes y llamados de él hasta ese día en que se conocieron. Después, una o dos veces volvió al silencio de semanas.


El tren detuvo su marcha final en la estación, cuando sonriendo recordó como habían acordado el encuentro de hoy, fue luego de una confusión que le trajo algunos problemas en su casa pero pudo solucionar, al menos eso creía.


El decidió llamarla y preguntarle si podía verla ese sábado en su trabajo, única posibilidad dado que durante la semana no había posibilidades de verse.


Serían las tres de la tarde cuando llegó a la casa donde ese día tenía que trabajar, no se sorprendió cuando la dueña le abrió la puerta, sabía que estaría, pero hubiera deseado que por, al menos ese día, no estuviera.


Conversaron las trivialidades que pueden conversar dos personas que apenas si se conocen y tienen la obligación de compartir unas horas juntas, y estaban tomando un café cuando sonó su celular.


Sabía que era él. Lo estaba esperando, volvió sentirse nerviosa, pero no quería demostrarlo ante esa extraña que casi no le prestaba atención.

Atendió el teléfono y escucho su voz. Su voz la estremecía, le resultaba cálida y a la vez confortante, al menos en el teléfono, no recordaba muy bien como era su voz escuchada personalmente, los nervios de la primera vez le había hecho olvidar ese detalle.

Cuando sintió que estaba esperándola en la puerta, su primer impulso fue correr hace ella y verlo, pero no, no era lo que se había propuesto, mantuvo la conversación un rato, sintiéndolo cerca y a la vez sintiéndose observada por la dueña de casa.

Deseaba verlo, observar su rostro y sus gestos, pero mas deseaba tenerlo allí, a metros de donde ella estaba, saber que la esperaba y que tenía interés en verla, y saber que era ella la que podía definir la situación.

Esa sensación de poder sobre él la excitaba aun mucho mas que la posibilidad de verlo, ella dominaba los acontecimientos y lo mantenía allí, deseándola y queriendo verla pero no pudiendo hacerlo.


Luego de unos minutos le dijo que no, que no podía verlo, que tal vez otro fin de semana, y en sus ojos una chispa de picardía se encendió pensando en la cara de decepción que tendría.

La chispa se apagó cuando regresó a su casa, cerca de las siete y media de la tarde, ya antes de atravesar la puerta, se dio cuenta de que volvía a la rutina de limpiar, lavar y acomodar, sin que nadie se diera cuenta de su presencia, y, lo que era peor, sin que nadie prestara atención a su perfume y a la ropa que con tanto esmero había elegido para vestirse.

Tenía su mano en el picaporte cuando recordó el “hola…. Como estas” con que él la saludó por la tarde y al instante se preguntó si su juego no merecía otro final, un final distinto a este, de estar entrando a su casa donde solo le preguntaría como estaba el silencio.

El silencio de todos los días.











domingo, 18 de julio de 2010

Te robo

Te robo,



E inocente, haces como si no supieras


Que robándote quito de ti,


Solo lo que me quieres dar.


Robo tus palabras,


Robo tus silencios,


Robo tus pensamientos,


Robo tus sentimientos,


Todo de ti quiero robar,


Pero por ahora,


Pequeño ladrón de alcoba,


Solo me conformo

Con robar tus ilusiones.

Llevarlas conmigo,

Donde no las puedas encontrar,

Donde solo yo

las pueda disfrutar,

Donde pueda jactarme

De tener lo tuyo

Y a ti…. Buscándolo…

Pero me miento en mis robos….

En realidad te dejo más…

De lo que acaso digo que me llevo,

Te dejo mis esperanzas,

Sueños, caricias pérdidas,

Y esas ansias insuperables,

De encontrarnos un día.

Te dejo… y vaya si te dejo….

Mis desasosiegos y mis llantos,

Mi ganas de ver amanecida,

La luz del sol,

En mi cara dormida,

Tus palabras arrullándome,

Y un beso de buenos dias….

Te dejo y te robo…

Te robo y te dejo….

Y todo en esta noche,

De soledad, silencio y estío….

Pero de mi no te descuides….

Porque de ti… todo me robo.

Lo deleitable

Deleitable...



¿Qué es

Lo deleitable?

Un día

me atreví a preguntar.

Años,

de creer en un amor?

Creer en el amor?

Suicidarme,

A pie juntillas

A una fidelidad

que no esta en uso?

Deleitable...

¿Qué es

lo deleitable?

Y, de pronto...

Encontré

Una vertiente tibia,

Que resbala

Y se sucede,

desde la nada….

Desde donde

no estas….

Desde el

no te encuentro…

Desde el

no se si te veo...

Desde el

yo estoy y vos…..

Vos...

También estas… allí

En esa, inalcanzable…..

Vertiente tibia

que resbala

Y se sucede,

desde la nada….

Desde donde

estas….

Y no estas...

Allí… lejana...

y a la vez

Tan cerca…

Tan real

Tan…

Vertiente tibia

que resbala

Y se sucede,

desde la nada….

Que me da vida….

Por encima

de mi suicidio

A pie juntillas,

sin puntos,

Ni comas,

ni paréntesis

Que, algún día,

Puedan descubrirte

como…

Lo deleitable

Como en un sueño

Aunque solo haya sido

Un sueño soñado,

Quizás lo viví.


Porque sentía que mis yemas


Se entrelazaban en tus manos


Mirándonos a los ojos,


Como si ayeres no hubiera.


Solo ese momento.


Y tu resistencia


No deseada,


Permitía que mis manos,


Apretaran tu espalda,


Acercando mí pecho


A tu rostro callado.


Que tu temblor aumentaba,


Cuando mis dedos rozaban,


De tu cintura la piel


Sin que tus manos los quitaran,


Que una lágrima borraba,


Todo lo que nos separaba,


Ausente el pasado,


Porvenir que no importa,


Solo este presente


De una isla, en medio


De océanos de soledades.


Una isla, tan solo,


Que pueda ser nuestra...


Una isla chiquita...


De minutos...


De segundos....


De apenas


El tiempo suficiente


Para intercambiar


una mirada...


Una sonrisa...


Una caricia...


Una isla


Que pase desapercibida


Para todos...


Menos para nosotros,


Como en un sueño…


Soñada….

Olvido

Un lago de silencios, después


De ese “no me llames ni me escribas”

Inundó la soledad del esperanzado

Caminante de calles oscuras.

Y ya no pudo buscar en la vereda del sol

La luz, que su rostro acariciara.

Perdió el calor que rayos invisibles

Acercaran a su piel, sin tocarla.

Nunca. Jamás. En ningún momento.

Un lago de silencios, después.

Y de silencios, hizo un lago

En el que sumergió la soledad,

De sus pasos largos, apurados,

Buscando los porques,

Que nunca le respondieron

Las aguas quedas, silenciosas

Del lago del olvido.

Destiempos

Entre tu tiempo


y mi tiempo,

existe todo un tiempo

que nos impide, celoso,

poder ser lo que queremos.

Entre tu tiempo

y mi tiempo,

está, fatal, ese tiempo

que pasa sin vernos,

desaprovechándonos.

Entre tu tiempo

y mi tiempo,

todo este vacío,

lleno de nuestras nadas,

donde nos justificamos.

Entre tu tiempo

y mi tiempo,

perdiendo encontrarnos,

solo logramos, tristes,

vivir a destiempos.

viernes, 2 de abril de 2010

Naufragio

Los restos del naufragio

Del navío llamado Amor

Que el tiempo acompañó

Por distintos huracanes

Hoy yacen desolados

Entre los pliegues húmedos

de sabanas de arenas

y sueños de aventuras.

Bravío en mil tormentas,

Que en los años lo acosaron,

Sucumbió en la suave brisa

En el encanto fugaz,

Transitorio y escaso,

De un istmo franco

Que desmanteló sus ímpetus

Durante tanto tiempo acumulados.

La proa hundida en tierra,

Esconde la vergüenza,

Que oculta su altivez derrotada.

Desparramados leños,

De lo que fuera ostentosa

Y fuerte arboladura,

Escapan a los esfuerzos,

De reconstruir lo destruido,

Mecidos por inquietantes olas,

Mellados por constantes vientos,

De caminos transitados,

Imposibles de desandar

Por mas que el esfuerzo vano

Intente reconstruir hoy,

Lo que la impericia en la conducta

Destruyo, lamentablemente ayer.

Tal vez, bogando quede,

Solo un chinchorro,

Débil señal de salvamento

Que busque sobrevivientes

En las salobres olas,

Cual lágrimas acumuladas,

O en los ásperos acantilados,

Murallas inaccesibles

Que impiden todo regreso

A lo que otrora fuera

La serena tierra firme.

No fue mas que en una tarde,

Y muy a las apuradas,

Que pude observar la nave

Que llevaba “Amor”

Por todo nombre.

Breve y fugaz contacto,

En que ni siquiera

Pude rozar la tela

Del velamen que cubría

Sus encerrados secretos.

Hoy, en mis alucinados desvaríos

Imagino que hubiera sido

El naufragar en su seno,

Y quedar, por siempre,

En sus arenas esparcido.