Hablando
quedo en la noche,
encuentro
la perfecta excusa
para
atinar el acorde de un beso
en el
nocturno roce, inesperado,
que entre
sábanas se produce
cuando
despierta el sentimiento,
sorprendido
de seguir viviendo
por
sobre tus marcas en mi piel.
En
las manos se diluye la pereza
somnolienta
de crestas apretadas,
luego,
tus ojos la luz reemplazan,
en
una mirada que fluye sin mirada.
y solo
nosotros dos sabemos donde
conduce,
con encanto de realidad,
concluyendo
esa agónica abstracción
de instintivos
deseos de abrigarme
en los caminos
volubles de tus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario