viernes, 2 de septiembre de 2011

Ojos


Es un día como cualquiera,
el gato, ese primer nocturno,
le está mirando los impulsos
de darle un vuelco a su vida.
Sus ojos verdes en el espejo
le interrogan una vez más,
silencioso inquisidor que hurga,
perspicaz, astuto y constante.
En tanto, cigarros y cervezas,
como espectros torturados,
se amontonan en la mesa.
No sabe que decirle a esos ojos
 sobre su cotidiano diario vivir,
donde todo es mentiras y confusión.
Pero el felino, en su rutina de truhán,
entorna los ojos, arquea el lomo
y en un guiño pícaro de sabihondo
(producto del tiempo y su fama)
envuelto en su leyenda y experiencia,
hurga las gavetas secretas de su alma
y, con palabras olfateadas en la nada
le señala los pequeños desenfrenos
que lo habitan después de su partida
y jugando mano a mano con el azar
le muestra que ya no tiene sentido
estar solo, con lo que el viento trae a veces.
Pulverizándose los ojos en la nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario