Todas las noches se quedan perdiendo
la función maestra del tiempo de vivir.
Impiden sentir el roce de las sabanas,
de los cuerpos cálidos y de las
almas,
las fantasmales horas de la madrugada.
Hay momentos en que me siento hurgador de letras muertas, alquimista de consonantes, carpintero de vocales, constructor de palabras sueltas que solas se arman en papel. Y hay momentos en que solo me veo equilibrista de mis pensamientos, sin poder volcar en la pluma frase alguna que refleje la tumultuosa volatilidad de mis alocados sentimientos. Y hay momentos en que me basta pronunciar por lo bajo tu nombre,para saberme vivo. Entero
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