LA.BE.GA., hoy solo una hoja...
una lágrima, un torbellino de recuerdos. Una calle… una ciudad y miles de años
atrás.
Los sueños y la juventud… la humedad de una pieza, (vieja pensión
estudiantil), el miedo de la soledad y la necesidad de tener. Algo tener para
seguir.
En la aventada puerta, que algún día fue verde, un cartelito pequeño, escrito
a mano y tinta: LA.BE.GA, nada más.
Y allí estaba tu presencia, toda la distancia y vos. Allí, en esas seis
letras.
Y luego espacios, olvidos, vidas distintas, a veces felices, cada uno en
sus mundos, hasta que por algún azar, cuarenta y siete años después, un algo
virtual, fortuito, distinto: labega@.... un mail, guardando un viejo secreto, lo único que de los dos perduró en
nuestras vidas.
Hoy, esta tarde... una noticia me amargó el amargo mate. Decidiste hacer
un viaje, el último de todos tus viajes. Seguramente te aguardan en el lugar de
tu arribo, el gran amor que cultivaste y la sonrisa de tu padre.
LA.BE.GA ya no será más, entre ambos no será más, pero siempre será, escrito
a mano y cariños, un cartelito muy pequeño en ese rincón en que guardo las
adolescentes promesas con que jugamos a creer que el amor era posible.
Allá, donde ahora estés, cuando madrugues insomnios sabes que podes
encontrarme en el mismo lugar: LA.BE.GA.
Hoy se me murió la poesía.
Quizás por algunas coincidencias, este escrito me ha emocionado. ¡Muy bueno! Un placer leer tus obras.
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