Comencé dialogando con estrellas,
tracé una pincelada en el espejo,
hurgue en la memoria del caracol
y engalané a ese hombre desnudo
que te brindó un disparo de rosas.
Hasta me permití, peligrosa omisión,
obviar algunos desahogos inseguros.
Es que me amanecí un día radiante,
extraviado, desemejante, de antología.
Me despunté a orillas de la luna azul,
con la cordura decidiendo olvidarme,
alborotado de metafísicas renuncias,
cerrando la melancolía de lo invisible
con un inmemorial papiro de arroz.
No busqué a los dragones del olvido,
sino que, con volcanes de espuma ocre,
emprendí la travesía viviendo por verte.
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