viernes, 19 de agosto de 2011

Natura



Estando en las hojas el otoño,
pareciera que yo, soy otro mundo.
Casi como un hechizo de esperar
que en un garzo cosmos verdemar,
llegue el sublime madrigal que nace,
bajo la ansiada sombra, paulatino,
que trae el linaje oculto en la lluvia.
Envuelto en metamorfosis de silencios,
circulando hacia la fría quietud existencial,
próxima y obligatoria parada invernal,
como una despedida con tristeza, que,  
repliega la substancia sobre sí misma.
Demasiado aterida de soledades,
tristes días oscuros y urbes muertas.
Estación inevitable, que invita al cobijo
y a la espera de un simple cambio
que traiga regocijo del naciente auge,
rasgando la inaugural asomada flor
en el bosque tibio de la primavera.
Un anhelado acto de lentitud, que estalla
en mil y un  trofeos de la existencia.
 Espíritus que acrecientan en sonidos
la vida en su manera de despertar,
vértigo de esplendores imposibles
desde cualquier lugar del cosmos,
y presagian el estallido del verano,
en el que se adivina el temporal
de la voluntariosa estirpe de Natura.
Mito del ente que cree ser perenne
y no es más que tránsito por un Edén
que volverá a escribir su historia
en la hojas caobas del próximo otoño.
Donde seguramente otro mundo,
en apariencia, volveré a ser yo.

Ilustración: "Vigía Natural" - Pablo H. Otero

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