sábado, 14 de enero de 2017

Aroma de ajenjo

Perfume de lilas dejaba a su paso.
Mientras la lluvia de verano se evaporaba
todo alrededor quedaba empapado
de su presencia, evanescente y penetrante.
La mañana crecía solitaria, aburrida
de ser solo una mañana donde un hombre,
sentado frente a una mesa, bebía café,
viendo como unas negras trenzas de cabellos
acompañaban la sonrisa de una piel
macerada en canela, con alegrías de sidra.
Una albañil le silbo desde un andamio,
le sonrió y su sonrisa tenía aroma de ajenjo.
El agua prolongó su sollozo desde el cielo.


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