domingo, 8 de enero de 2017

Cuando se levantan velos

Un timbre palpitante entreabrió tus labios cerrados,
adivinaste apenas, el soplo que provenía del exilio
de aquel a quien tu corazón ayer había desterrado.
La impaciencia conmovió las piedras que sepultaban
esos deseos insólitos y sospechosos que él dejó.
En tu boca, una quemadura anónima trajo recuerdos
y los derramó en ti con un escurrimiento indecente.
Una ternura de sal te envolvió en sombras delirantes,
se tornó agridulce el perfume delicado de la soledad.
La esencia exquisita de esa ausencia, mortificó tu día,
el recuerdo de la embriaguez de los cuerpos entre
cirios e incienso, la arcilla modelada y tantas cenizas
límpidas, asomaron por entre la dulzura humilde
que con el tiempo se cobijó entre todas las arrugas.
Siempre, cuando se levantan velos, viene la melancolía.


Ilustración: fotografía de Noell Oszvald

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