domingo, 8 de enero de 2017

Turismo


El ombligo sonriente sube más arriba del agua,
los rostros aparecen desde las entrañas,
los pies son guardianes del horizonte ajeno.
La tierra se calienta dando vueltas bajo el tiempo solar,
en la orilla flotan juntos el cielo y el infierno,
allí, donde habitan los seres de poderosa voz
desviando las olas con estruendos de marea.
Consumidos por la marejada, desechos humanos,
van navegando a conquistar el mundo.
Cuesta trabajo entender que en una playa de arena,
esos que se encuentran allí, derrumbados,
consumiendo rayos ultravioletas a más no poder,
y destruyendo sus oídos con infernales griteríos
a los que pomposamente llaman música,
no sean solo la resaca que un volcán ciudadano
incluye cada verano hacia el mar. 

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