Siendo uno es la medida de todas las
cosas,
es bueno ponerse a discurrir sobre
temas
como los que ocupan al problema de
uno.
El cero a la izquierda cobra un raro coste
en períodos que importan los decimales.
Los recuerdos se encabezan con comas,
y un buen par de ellos se desvalorizan
según cuán lejos estén de esa ausencia,
que vale menos que uno, pero que puede,
si bien se coloca, valorizar en más a uno.
Puede soñar extraño, pero suele acaecer,
encontrarnos con algún insólito conocido,
que tiene la ocurrencia de preguntarnos
si de él, alcanzamos a disfrutar memoria.
Una refutación sincera, pero atroz, sería:
“si, te recuerdo cero coma
setena y cinco”,
o sea un recuerdo de uno, que no alcanza
a ser lo que es uno para ese distinguido
que nos solicita por lo que de él,
evocamos.
También se puede usar para
desvalorizar,
sutil e furtivamente, a aquel que se
lo gana:
“justo
te estaba pensando intensamente,
algo
así como cero coma cero cero nueve”,
lo que da que el fulano está tan
lejos de uno,
que casi es imposible que uno se le
acerque.
Siendo uno la referencia hacia todo
lo demás,
algún silogismo podría imponer, con
facilidad,
que cuanto más cerca de uno, se es más
uno,
pero la realidad certifica que uno
junto a uno,
en la vida no es uno, sino algo
bastante remoto,
tal que para alcanzarlo necesitamos
de la nada,
reconociendo que merced al cero a la
derecha,
podemos arribar al once, que no es más
que uno
contiguo a otro uno, y sin embargo
no es multitud
solamente uno y uno, dos tristes y
solos unos.
A veces hasta el más destacado lector puede tropezar con la dificultad de sumar, restar o descifrar proposiciones, más si en el momento de lectura hubo una previa de uno más uno, que por lógica es igual a dos, y que viendo, en este caso el número uno que muestra la imagen, con una sonrisa feliz, lo estimula a ofrecerle un "Cero", no para colocarlo antes y con coma, sino para colocarlo a su lado y formar un Diez.
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