miércoles, 4 de febrero de 2009

Valor Agregado

Doce y media de la noche.
Acompañado por bostezos de modorra,
Que nacieron de una mala película americana,
Regalada por la televisión,
Salgo en busca de mi vicio
En la nocturnidad de un sucio
Buenos Aires gris.
Calles oscuras, aburridas,
Solo habitadas por alcohólicos
Adolescentes esquineros,
Que ven pasar las estrellas
Tras el vidrio de una botella de cerveza.
Un bodegón se despide y tras sus puertas,
Deja guardado el tufo de sus comidas baratas,
Cerrando sus persianas en un nocturnal bostezo.
La avenida es un interminable
Laberinto de soledad y mugre,
Que el viento agita poniendo vida,
En la ausencia de un asfalto gastado.
Cinco cuadras camino solo,
Sin encontrar siquiera un kiosco
Que me permita comprar el humo
Para el roncar de mis pulmones.
Y es allí donde lo veo.
Viejo, aún con su media vida a cuestas,
Sentado en el cordón de la vereda,
Las dos ruedas del parado carro,
Descansando bajo la luz de una farola,
Sus gastados zapatos pisando adoquines,
Que son siempre indiferentes, a él y a cualquiera.
Toda la pobreza, todo el abandono, la indiferencia
De la ciudad nocturna, se juntan en ese cuerpo
Empujado a juntar cartones vaya uno a saber
Porque oficio perdido por la desocupación.
La bruma desola aún mas, su diaria soledad de ausencias,
Y sin embargo y no obstante,
Aún estando en ese pozo de abandono,
Sus agrietadas manos de mendicante
Sostienen un libro de Neruda,
Único valor agregado a su existencia
De hombre, de igual… de olvidado.

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